Lecciones de negocios en los emprendimientos de la calle
Caminar un sábado por la mañana por los abarrotados pasillos de los mercadillos del distrito de Comas es sumergirse en el corazón palpitante de la economía emergente de Lima. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes una anécdota muy interesante que pareciera sacada de un libro de maestría en negocios. Hace algunos años, entre el bullicio de los pregoneros y el aroma a frutas frescas, en el mercado de Chacra Cerro, un encuentro fortuito me hizo presenciar una de las lecciones de estrategia operativa más puras y eficientes que he visto.
Dos niños de corta edad captaron mi atención. No pedían limosna; gestionaban una empresa. Frente a ellos exhibían vasos, copas y floreros de diseño artesanal, meticulosamente elaborados a partir de botellas descartables de distintos colores. Sorprendido por la singularidad del producto y su valor, me acerqué con la intención de comprar. Sin embargo, como me encontraba de tránsito —pues debía tomar mi colectivo hacia la Plaza Dos de Mayo, en el centro de Lima—, les propuse un trato y les pregunté: «¿Mañana domingo estarán en este mismo lugar para que les compre?».
La respuesta de los pequeños emprendedores no solo fue un despliegue de madurez, sino una cátedra de planificación y control de la producción (PCP): «No, señor. Nosotros tenemos todo programado. Lunes y martes recolectamos botellas; miércoles y jueves producimos la mercadería; viernes y sábado vendemos en los distintos mercados del Cono Norte. El domingo es nuestro único día de descanso».
La rigurosidad del flujo de valor
Lo que a primera vista parecía una rutina de subsistencia era, en términos técnicos, el diseño de una cadena de suministro de ciclo cerrado y un sistema de manufactura de flujo continuo. El éxito de cualquier sistema de producción operativo radica en la identificación y optimización del flujo de valor, eliminando los tiempos muertos y garantizando que cada etapa del proceso añada valor al producto final.
Estos niños dividían su semana en bloques tácticos perfectamente definidos:
LUNES Y MARTES
Recolección de botellas de la basura, lo que técnicamente equivale al abastecimiento de materia prima y logística inversa.
MIÉRCOLES Y JUEVES
Limpieza de las botellas, transformación y producción de la mercadería, lo que técnicamente equivale a operaciones de manufactura y control de calidad.
VIERNES Y SÁBADO
Venta en mercados del Cono Norte, lo que técnicamente equivale a ventas, distribución comercial y gestión de canales de venta.
DOMINGO
Descanso, lo que técnicamente equivale a mantenimiento preventivo del capital humano y reposición de energía.
El mercado como motor de la producción
El aspecto más revolucionario de la estrategia de estos pequeños productores es su entendimiento empírico de la demanda. En la gestión moderna de operaciones existen dos enfoques: el sistema push (empujar la producción basándose en pronósticos) y el sistema pull (tirar de la producción basándose en la demanda real del mercado).
Al limitar sus días de venta a los fines de semana (los de mayor tráfico en los mercados populares) y dedicar el resto de la semana al reabastecimiento y la manufactura, ellos operaban bajo un estricto enfoque just-in-time (JIT). Michael Porter, en Ventaja Competitiva (1985), afirma que la cadena de valor de una empresa debe estar alineada con la estrategia de mercado para generar una diferenciación sostenible. Los niños entendían que la venta es la locomotora de todo el proceso productivo.
«A mayor venta, mayor necesidad de producción y, consecuentemente, un requerimiento más alto de abastecimiento de materia prima.»
No acumulaban inventarios innecesarios (evitando el costo de almacenamiento, un desperdicio crítico); producían exactamente lo que su capacidad de distribución les permitía colocar en el mercado los viernes y sábados.
Conclusión
La historia de estos dos niños en Comas nos demuestra que la eficiencia operativa y la racionalización del trabajo no son patrimonio exclusivo de las multinacionales ni de las escuelas de negocios de élite.
Su modelo, organizado por calendario, es un espejo donde muchas organizaciones e independientes deberían mirarse: una estructura donde el orden, la disciplina temporal y el respeto por el descanso (sostenibilidad del recurso humano) dictan el ritmo del crecimiento. En un entorno empresarial donde a menudo se sobreproduce y se gestiona a ciegas, la sabiduría de la calle nos recuerda una verdad fundamental: el mercado manda, y la producción obedece con la sincronía de un relojero.
Aquellos niños, sin un título universitario, estaban ejecutando un modelo de negocio perfectamente optimizado.
7 com.